La región necesita que más mujeres trabajen, pero ¿qué necesitan ellas?

14/03/2019

Excluidas de oportunidades que las empoderen

Actualmente, 117 millones de mujeres participan del mercado laboral en América Latina y el Caribe, la cifra más alta en la historia de la región. Sin embargo, aunque la participación laboral femenina aumentó del 20 % al 65 % en los últimos 50 años, muchas mujeres en edad de trabajar están excluidas del mercado laboral o tienen empleos precarios e informales.

En parte, esto se debe a que muchas de ellas tienen pocas opciones y libertad limitada para repartirse entre las tareas del hogar y un empleo digno y bien remunerado. Por un lado, la mayor parte de la responsabilidad del cuidado de las personas del hogar, incluyendo de los niños y los adultos mayores, recae sobre las mujeres. Esto representa un reto significativo sobre todo en los hogares de escasos recursos, en los que la mujer muchas veces se ve obligada a elegir entre ausentarse de la fuerza laboral o utilizar alternativas de cuidado inadecuadas e ineficientes.

Por otro lado, hay claras diferencias en la repartición de tareas en el hogar; 80 % de las tareas domésticas no remuneradas están a cargo de las mujeres, independientemente de si trabajan o no. Esto implica un conflicto sobre todo a la hora de acceder a mejores posibilidades laborales. Las carreras profesionales que mejor pagan suelen tener horarios menos flexibles, lo que perjudica a las mujeres a corto y largo plazo. En ocasiones, las condiciones laborales a las que sí pueden acceder son de menor calidad u ofrecen un salario menor. En otros casos, la proyección de su carrera o su ascenso a mejores cargos se ve coartado por la falta de tiempo para dedicar horas extra al trabajo o para expandir sus estudios. Como consecuencia, las mujeres se encuentran a largo plazo con una menor acumulación de ahorros y en una situación mucho más vulnerable que sus pares hombres.

Hay un camino mejor

Dos aspectos clave para empoderar a las mujeres frente a este panorama tienen que ver con formular políticas públicas y empresariales que fomenten la flexibilidad laboral y fortalezcan los servicios de cuidado infantil y de las personas con dependencia.

Vale la pena, por un lado, considerar la reducción de la jornada laboral y una mayor flexibilidad de los horarios. Por otro lado, en muchos países se han realizado esfuerzos para incentivar los cuidados compartidos mediante licencias remuneradas para padres y madres tras el nacimiento de un hijo, así como la promoción de la paternidad activa. Cuando los hombres dedican más tiempo a la crianza de los hijos y a las tareas domésticas, las mujeres pueden participar plenamente en el mercado laboral y desarrollar su potencial.

En este sentido, en la región se han adoptado, en mayor o menor grado, códigos de legislación  con el objetivo de aliviar la presión sobre las madres que trabajan. Sin embargo, y esto se ha repetido hasta el cansancio con justa razón, todavía queda mucho por hacer. Por ejemplo, persisten las disparidades entre los ingresos de las mujeres que son mamás y sus pares varones que son padres y, lo que es más impactante aún, entre las mujeres que son mamás y las que no lo son. Además, los ambientes laborales en su mayoría no cuentan con espacios para las mujeres lactantes o con servicios de cuidado infantil. O, si los hay, son demasiado caros.

Uno de los  principales obstáculos para una mayor integración de la mujer en el mercado laboral tiene que ver con la carencia de servicios de cuidado, públicos y privados, accesibles y de calidad  para los niños menores de cinco años y los adultos mayores u otros parientes con dependencia. La mayoría de los servicios de cuidado tienen horarios inflexibles que imponen una presión adicional sobre las mujeres trabajadoras, se encuentran geográficamente alejados o tienen un costo inasequible. Si no se asegura la calidad de estos servicios, el costo es doble, ya que perjudica también a las personas que necesitan el cuidado. En el caso de los niños, podría incluso afectar su desarrollo infantil.

Si ganan las mujeres, ganamos todos

La desigualdad de género en el trabajo implica una pérdida de talento que se refleja en pérdida de productividad y de incremento en el Producto Interno Bruto. La evidencia es clara al respecto. Las madres que trabajan conforman gran parte de la fuerza laboral femenina. Su aporte es vital para nuestras sociedades y economías. Acelerar su inserción en el mercado laboral, a través de medidas que respondan a sus necesidades, debe ser una prioridad para gobiernos y empresas. Si las madres pueden acceder a un empleo digno, flexible y bien remunerado, que les deje tiempo para el cuidado compartido de hijos y dependientes, y de sí mismas, nos beneficiamos todos.

A continuación, ofrecemos algunas acciones que, según se desprende de la experiencia y la
evidencia internacional, son capaces de fomentar el empleo femenino y la igualdad de género:

Accedé a la publicación completa en este enlace.

(Contenido adaptado del Banco Interamericano de Desarrollo, BID)

ETAPA EMPRENDEDORA: Sensibilización-motivación.


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