La destrucción creativa y el ecosistema emprendedor uruguayo

27/07/2020

Las últimas dos grandes crisis globales difieren marcadamente en múltiples dimensiones. Difieren en su naturaleza, en su alcance y también en severidad. En lo que no difieren es en su capacidad para resucitar ilustres luminarias del paisaje económico del último siglo. Las dos más célebres, John Maynard Keynes y Friedrich Hayek. Dos visiones opuestas en torno al rol que debe cumplir el Estado como resorte de la recuperación, o lo que es lo mismo: dos visiones opuestas en torno al rol que debe cumplir el mercado. Pero no son los únicos. Con menor frecuencia, aparecen y desaparecen otros notables personajes. Uno de ellos fue Joseph A Schumpeter, un hombre de grandes ambiciones que se había propuesto ser el mejor amante de Austria, el mejor jinete de Europa y el mejor economista del mundo. No creo que haya logrado la última, y desconozco si logró las dos primeras. Lo que si logró fue ser el candidato de la recuperación del senador y dos veces presidente Julio María Sanguinetti.

Hoy creo que se va a salir más con [Joseph] Schumpeter, es decir, con el vigor de las empresas innovando para generar empleo. La hora del Estado llegó, el Estado ha enfrentado la pandemia, y ahora en la salida tiene que apoyar el empleo. Eso supone ir, como decía Schumpeter, a la esencia del ritmo de la economía, que son las empresas, medianas, chicas, grandes, en cada caso con su política, pero es así… su idea de que la innovación es el motor de la economía, de que hay un proceso de “destrucción creativa” en el que el más innovador va desalojando al menos innovador, y que esto a su vez es la dinámica que produce el crecimiento, me parece una de las ideas más notables en el pensamiento económico-social.

En nuestro país, las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) tienen un peso sumamente relevante en la composición del tejido empresarial uruguayo y son especialmente importantes en materia de empleo. Además, en el marco de la pandemia, han demostrado las virtudes que su propia naturaleza encierra en materia de propensión a innovar, flexibilidad, apertura a mejorar y horizontalidad.

La Dirección Nacional de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas (Dinapyme) realizó en mayo un relevamiento para mapear las principales necesidades, demandas y expectativas de los empresarios de todo el país en el marco de la pandemia.1 De acuerdo al relevamiento, 86 % de las empresas consultadas registraron caída de ventas, mientras que 11 % y 3 % mantuvieron y aumentaron su actividad, respectivamente. En el caso de las últimas, se trató de empresas vinculadas a actividades de tecnología de la información y la comunicación, comercio minorista y al por mayor, industrias creativas y servicios de construcción. Del universo relevado, una parte importante declaró estar al tanto de las medidas propuestas por el gobierno para ellas (medidas para emprendedores y micro y pequeñas empresas que tiene como referencia a la Agencia Nacional de Desarrollo, Ande). Más concretamente, 59 % declararon conocer las medidas y 37 % declararon conocer sólo algunas (únicamente 5 % no estaba al tanto). Más aun, 56 % señaló que ha hecho uso de dichas medidas, siendo las más utilizadas el aplazamiento tributario (26 %) y la aplicación del seguro de desempleo (22 %).

También en junio fue presentado un estudio de Opción consultores sobre las actividades de innovación de las empresas en el marco de la covid-19. 63 % se encontraban desarrollando o habían introducido nuevos productos o servicios al mercado. Las pymes son las que se encuentran desarrollando o han desarrollado nuevos productos o servicios en mayor medida que las grandes empresas. Concretamente, el estudio afirma que “por más que las grandes empresas poseen mayor espalda financiera para invertir en nuevos desarrollos, su estructura organizacional hace que existan más interlocutores para la aprobación o veto de las iniciativas de innovación. Por otro lado, la toma de decisiones en las PYMES es más horizontal, y por lo tanto logran mayor flexibilidad y velocidad”. En efecto, son estas empresas las que están más preparadas para la innovación, dado el tamaño reducido de sus estructuras y la flexibilidad que las caracteriza.

¿Cómo innovaron las empresas uruguayas ante la emergencia sanitaria?

En este marco de excepcionalidad, la red de Apoyo a Futuros Empresarios (RAFE) cambió de identidad para darle paso a la Red Uruguay Emprendedor. Pero esto no representa solo un cambio de identidad. De acuerdo a su coordinadora, se trata de un impulso adicional para potenciar el ecosistema emprendedor uruguayo, que, como tal, cuenta con más de 15 años de vigencia y crecimiento sostenido. Sus antecedentes pueden rastrarse hasta el año 2001, cuando se creó Ingenio, la primera incubadora de empresas, en la órbita del Laboratorio Tecnológico del Uruguay. Desde entonces, fueron varios los hitos que conformaron el camino para llegar a esta red. En 2007 nació, como resultado de iniciativas público-privadas, la primera red de instituciones constituida para apoyar el emprendimiento en Uruguay. Desde entonces, su densidad, alcance e importancia han ido aumentando de forma permanente.

Actualmente la red está conformada por unas 100 instituciones de los sectores público y privado que trabajan para dar soporte a emprendimientos en todo el país. Es, en efecto, un vehículo para reconocer las necesidades y capacidades de cada territorio, articulando esfuerzos de forma de llegar con más información e instrumentos adecuados a cada lugar.

De acuerdo a su coordinadora, Ana Laura Trías, la covid-19 tuvo distintos efectos según la etapa en la que se encontraban los emprendimientos. Los que estaban en marcha en la mayoría de los casos tuvieron que reinventarse, los que estaban validando enfrentaron un parate y tuvieron que rediseñar sus modelos de negocio, y los que estaban en crecimiento vieron congeladas las operaciones. En definitiva, la pandemia puso a prueba a todos los emprendimientos y aceleró la aplicación de herramientas digitales que vinieron para quedarse.

A este respecto Amelia Durante, responsable de Emprendimientos de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), indicó que en este contexto algunos emprendimientos adaptaron su propuesta muy rápidamente, mientras que a otros les costó levantarse y reinventarse. Esto es, en términos schumpeterianos, parte del proceso de “destrucción creativa” que muchas veces acompaña episodios disruptivos, como el que estamos atravesando actualmente. Reinventarse o perecer es la cuestión. Según Durante, la pandemia sacó el foco del enamoramiento de la solución para ponerlo en el problema y el cliente como centro de la experiencia. Los hábitos de compra cambiaron, y los que escuchen al cliente serán quienes puedan perdurar y crecer.

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(Fuente: la diaria)


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